Parabiosis, ¿la fuente de la eterna juventud?

¿Conocéis la historia de Erzsébet Báthory? Probablemente este nombre no os diga nada de buenas a primeras. Quizás si os decimos que esta dama del siglo XVI tenía la escalofriante costumbre de darse baños en la sangre de sus doncellas para mantenerse joven, la historia comience a resultaros familiar…

Retrato de Erzsébet Bathory, Condesa de Čachtice.

En efecto, Erzsébet pertenecía a una de las familias más adineradas de Transilvania y, según cuenta la leyenda, se dedicó a torturar a cientos de sirvientas y campesinas de corta edad con un siniestro fin. Se bañaba en la sangre de sus víctimas e incluso se bebía alguna que otra copita de la misma, convencida de que con ello conseguiría mantenerse eternamente joven. Los rumores sobre sus crímenes no tardaron en llegar a la corte, y la apodada Condesa Sangrienta fue finalmente condenada a cadena perpetua, pero… ¿hasta qué punto estaba Erzsébet en lo cierto? ¿Puede la sangre joven realmente evitar el envejecimiento?

El primer investigador en plantearse esta cuestión fue Clive McCay, que realizó en 1956 un experimento no apto para aprensivos: tomó 69 parejas de ratones, uno viejo y uno joven, y los unió quirúrgicamente por un flanco. De esta forma, los sistemas circulatorios de ambos roedores acababan por fusionarse, proceso conocido como parabiosis. El resultado del experimento fue sorprendente: los huesos de los ratones viejos adquirían un peso y densidad cercanos a los de los ratones jóvenes. Dieciséis años después, otro grupo descubrió que los ratones viejos que compartían sistema circulatorio con ratones jóvenes vivían 4-5 meses más que los ratones normales. Entonces ¿es cierto que la circulación de sangre joven puede estar relacionada con un retraso en el envejecimiento?

A la izquierda, Clive McCay; a la derecha, representación de un par de ratones durante un experimento de parabiosis.

A pesar de los interesantes descubrimientos que se estaban llevando a cabo en este campo, la investigación en parabiosis se detuvo, en parte por el endurecimiento de las leyes a favor de los derechos de los animales. Sin embargo, a principios de este siglo, la becaria postdoctoral Amy Wagers decidió retomar esta técnica en un laboratorio de Stanford para estudiar la migración de las células madre sanguíneas. Al mismo tiempo, en el laboratorio de al lado, el investigador Thomas Rando se preguntaba por qué todas las células del cuerpo envejecen a la par. Fue en 2002 cuando Michael Conboy, becario de Rando, creyó dar con la respuesta al asistir a la exposición de los resultados de los experimentos de Wagers: ¿y si fuese la sangre lo que hace envejecer a las células?

A la izquierda, Amy Wagers; a la derecha, Michael Conboy junto con otros miembros del laboratorio que su mujer, Irina Conboy (a la izquierda en la imagen) fundó más adelante.

Tras comentarle la idea a Rando, ambos laboratorios vecinos unieron sus fuerzas y descubrieron que, en sólo 5 semanas, la sangre de ratones jóvenes conseguía restaurar y promover el crecimiento de células musculares, hepáticas y cerebrales. Estudios posteriores determinaron que la sangre joven también promueve la reparación de daños en la médula espinal en ratones viejos, aumenta la producción de neuronas en el cerebro y en el sistema olfativo; e incluso revierte el endurecimiento de las paredes cardíacas que ocurre con la edad.

Tras todos estos sorprendentes descubrimientos, la fama de la parabiosis se fue extendiendo por diversos laboratorios y finalmente llegó a oídos de Tony Wyss-Coray, en Stanford. Su equipo había estado estudiando diferentes proteínas que se encontraban en la sangre de pacientes con Alzheimer. Mediante estudios de parabiosis volvió a comprobar que la sangre de ratones jóvenes promovía el crecimiento neuronal en ratones viejos y al contrario, la sangre de ratones viejos reducía dicho crecimiento en ratones jóvenes. Pero Wyss-Coray fue más allá, demostró que no eran necesarios todos los componentes de la sangre para producir este asombroso efecto: sólo con el plasma (la fracción líquida de la sangre, sin contenido en células) se producían los mismos resultados. Sus experimentos demostraron que el plasma joven activaba la plasticidad cerebral, la capacidad de aprendizaje y la memoria de los ratones viejos.

A la izquierda, Tony Wyss-Coray; a la derecha, fotografía de las neuronas (cada una teñida de un color) del hipocampo de un ratón, zona del cerebro relacionada con la plasticidad y la memoria.

Estos descubrimientos tan sorprendentes fueron rechazados por varias revistas científicas, que argumentaban que eran demasiado buenos para ser reales. Sin embargo, tras varias repeticiones, la obtención de los mismos resultados reafirmó el gran potencial de los hallazgos que Wyss-Coray tenía entre manos. Es por ello que este investigador ha fundado recientemente en California una compañía llamada Alkahest, en la cual está llevando a cabo desde 2014 una serie de ensayos clínicos con el objetivo de ver los efectos del plasma de personas jóvenes en pacientes de Alzheimer. Hasta el momento, los ensayos pre-clínicos han demostrado que en ratones se produce un aumento significativo en la memoria y una recuperación de proteínas implicadas en la transmisión de señales nerviosas. Ahora tendremos que esperar para ver si en humanos el efecto es el mismo.

Aquí os dejamos una charla muy amena en la que el propio Wyss-Coray nos explica sus increíbles hallazgos:

Sin embargo, a pesar del asombroso potencial de estos descubrimientos, científicos como Conboy, Rando o Wagers han encontrado varias pegas. Por ejemplo, Wagers argumenta que sería más seguro y controlable hacer ensayos clínicos con factores de la sangre conocidos y sintetizados en el laboratorio y no con el plasma completo. Además, sospecha que un tratamiento crónico con plasma joven podría sobreactivar demasiado a las células de diferentes tejidos, pudiendo llegar a provocar cánceres en los pacientes, por lo que habría que controlar muy bien las dosis. Por otra parte, algunos expertos en bioética proponen que este tipo de descubrimientos podría iniciar una especie de “fiebre Drácula”, dando lugar al surgimiento de clínicas de transfusiones de plasma sin licencia que nos aseguren mantenernos jóvenes y bellos, aún cuando todavía no se tiene ningún dato del efecto de estos tratamientos en humanos.

A la izquierda, transfusión de sangre; a la derecha, caricatura de Bela Lugosi en su papel de Drácula.

Controversias aparte, hemos visto que al final Erzsébet Báthory no estaba del todo equivocada: la potencial fuente de la eterna juventud podría encontrarse ni más ni menos que corriendo ahora mismo por nuestras venas.

Bibliografía

  • Elena Sanz. Isabel Báthory, la condesa sangrienta. Muy Historia. Enlace
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Erzsébet_Báthory
  • Megan Scudellari. Blood to blood. News Feature. Nature. 2015. Enlace
  • Wyss-Coray T et al. Preclinical Assessment of Young Blood Plasma for Alzheimer Disease. JAMA Neurol. 2016. Enlace
  • Helen Thomson. Young blood to be used in ultimate rejuvenation trial. New Scientist. 2014. Enlace
  • Andy Coghlan. Blood protein rejuvenates brain and muscle in old mice. New Scientist. 2014. Enlace
  • Wyss-Coray et al. Young blood reverses age-related impairments in cognitive function and synaptic plasticity in mice. Nature medicine. 2014.
  • Wyss-Coray et al. Network-driven plasma proteomics expose molecular changes in the Alzheimer’s brain. Molecular Neurodegeneration. 2016.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Bellamy dice:

    Parece que la expresión “inyectar sangre joven” cobra un significado mayor… Una semana más, es un placer leeros.

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  2. Alicia dice:

    Escalofriantemente interesante. No me canso de repetirlo, me encanta vuestro blog!

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  3. Ana dice:

    Parece que la sangre guarda el secreto de la eterna juventud. Es increíble que de una forma tan sencilla, se pueda llegar a mejorar el funcionamiento de los órganos que la edad deteriora. Quizá en un futuro no muy lejano se tenga en cuenta la edad del donante en las transfusiones de sangre.

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  4. makuricu dice:

    Espero que con el tiempo los futuros investigadores logren descubrir que es lo que hace que la sangre de una persona joven sana tenga tal poder curativo y logren sintetizarla artificialmente en todos los grupos sanguíneos. ¡Los bancos de sangre siempre estarían llenos para salvar vidas!.

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